Villava fue desde sus orígenes una población de artesanos. En el siglo XIII existía ya un batán de paños donde trabajaban los pelaires que en 1254 redactaron las primeras ordenanzas gremiales. De la actividad textil proviene el apodo de “traperos” con que eran conocidos los villaveses en las localidades vecinas.

Y fue precisamente a base de trapos como comenzó a formarse la Villava urbana que hoy conocemos, pues pieza fundamental en la transformación fue la instalación de la fábrica Papelera La Navarra, que hacía papel continuo a base de trapos.

Fue promovida por la viuda de Francisco Ribed y dos de sus hijos. Se instaló en el año 1846 y desde entonces ha sido la actividad industrial más importante de la localidad. En 1850, daba empleo a 120 personas (Villava contaba con apenas 500 habitantes en aquel entonces).

Esta fábrica fue la antecesora de Papelera Española, que se instaló en Villava en el año 1900, así como de ONENA, que se fundó en 1920 como filial de aquélla, y fue la fábrica más emblemática de Villava hasta que, tras un fallido intento de cierre en los años 70, en el que Villava entera se echó a la calle para evitarlo, en 1994 cerró sus instalaciones para trasladarse a Ibiricu. El edificio fue demolido en el año 1998, despertando la demolición una expectación acorde con lo que significaba para la villa, un auténtico hito de su propia historia, razón por la que se decidió conservar algunos de los elementos más emblemáticos, como la chimenea, el canal o el batán.